La cara menos amable de los Mossos

MARC RUDE | 15-1-11
El aumento de la conflictividad social vuelve a sacar a la luz la cara menos amable de los Mossos.  La crisis económica y las movilizaciones del 15-M han hecho del 2011 un año difícil para las fuerzas de orden público en Catalunya. La Brigada Mòbil -división antidisturbios- ha adquirido un protagonismo inusitado, y las funciones que realiza se han hecho visibles para todos.  Así mismo, el ensañamiento de algunos agentes, que han ido más allá del cumplimiento de sus obligaciones, nos ha hecho ver que no todos los mossos se comportan debidamente. Hay imágenes que hablan por sí mismas; los magistrados se inquietan y la gente se pregunta si existe un déficit democrático en las prácticas de la policía catalana.

El juzgado de instrucción nº4 de Barcelona admitió a trámite el mes pasado una querella colectiva presentada contra los responsables de los Mossos por 56 personas que resultaron heridas en el desalojo de los acampados de la plaça de Catalunya, el 27 de mayo. El miércoles el juez dictaminó que, durante la próxima semana, deberán pasar a declarar como imputados Manel Prat, director de los Mossos d’Esquadra, y Assumpta Escarp, teniente de alcalde de Seguridad bajo el mandato de Jordi Hereu. Los abogados del Col·legi d’Advocats de Barcelona i la Associació de Drets Humans, que representan a los demandantes, piden el encausamiento de los mandos policiales por una larga lista de cargos ,“detención ilegal, coacciones, amenazas,  lesiones…”. La defensa cree que la actitud que mostraron los agentes demuestra “un retroceso de muchas décadas”, y “vulnera la integridad moral y los tratados internacionales”. 120 personas tuvieron que ser atendidas por los servicios de emergencia después de las cargas policiales. Los hechos sucedidos aquél día en la plaza fueron noticia de primera página en todo el mundo, y han quedado, sin duda, marcados en la memoria colectiva y escritos en la historia de la ciudad.

La legalidad de la actuación policial se volvió a poner en entredicho el 6 de octubre, cuando un centenar de antidisturbios tomaron la cafetería de la Ciutat de la Justícia para detener a media docena de indignados, que habían sido imputados por asediar el Parlament, el 15 de junio. La captura de los jóvenes, que ya se encontraban a disposición judicial, según el Tribunal Superior de Justícia de Catalunya, “sólo se puede entender des del más absoluto desprecio a los derechos individuales de los ciudadanos y al respeto que merecen los tribunales de justicia como garantes de éstos derechos”. Los jueces calificaron la operación de “manifiestamente desproporcionada”, asegurando que “constituyó un claro abuso en el ejercicio de la fuerza”.

Con la crisis hipotecaria, en ocasiones se ha modificado el perfil de los receptores de la fuerza pública. Acostumbrados a hacer frente a exaltados turistas ebrios o radicales encapuchados, los antidisturbios se las han tenido que ver ahora con vecinos del barrio y manifestantes pacíficos, muchos de ellos de edad madura.  La contundencia del desahucio de una familia sin recursos en el Clot, el mes de julio, resultó francamente indigesta. También recurrirán a la vía judicial los miembros de la Plataforma d’Afectats per la Hipoteca de Sabadell, después de las tensiones que surgieron cuando un grupo de agentes de paisano intentó identificar a uno de los participantes en una protesta festiva que se desarrollaba por las calles de la ciudad. Los policías agredieron a una fotógrafa, y un menor tuvo que recibir atención hospitalaria. Los partidos de la oposición municipal exigieron responsabilidades, a la vista de las imágenes en las que aparecen mossos haciendo gestos obscenos en la vía pública y tapándose los números de identificación con la mano.

Ya hace años que Amnistía Internacional alerta sobre los abusos que cometen algunos mossos, y recuerda el reiterado incumplimiento del decreto 217/2008, que obliga a los agentes a llevar el número de identificación personal claramente visible en el uniforme. Exige a su vez que se complete la instalación de cámaras en instalaciones y vehículos policiales, medida que emprendió el anterior Conseller, Joan Saura, cuando en 2007 fueron detectados casos de vejaciones y malos tratos a los detenidos en la comisaría de Les Corts. El Síndic de Greuges Rafael Ribó presentó hace poco el Informe Anual de la Autoridad Catalana per la Prevenció de la Tortura, donde se exigió la instalación de cámaras en el interior de los furgones. Continua la polémica entorno a los fusiles de pelotas de goma, armas ya en desuso en la mayoría de estados desarrollados, que se han llevado algunos ojos en los últimos años.

El pasado mes de setiembre el Gobierno central indultó parcialmente a tres agentes, que se libraron de ir a prisión después de que el Tribunal Supremo ratificase la sentencia que los condenaba por detener ilegalmente y apalear a un hombre en la sala Bikini, con quien se pelearon estando fuera de servicio. En octubre, un mosso cosía a puñaladas a un taxista paquistaní en Mollet. Se han producido asimismo en 2011 las muertes bajo custodia policial de Mustapha el Marrakchi -que entró en coma después de ser detenido, el pasado verano, por no tener la documentación en regla- y de Sergio E.C., un delincuente habitual que murió de una parada cardiorespiratoria la noche del 30 de diciembre tras oponer resistencia a su detención. Prosiguen las investigaciones entorno al caso Macedonia, una red de vínculos entre narcotraficantes y mossos, algunos de ellos con galones en la manga, que se desveló con la detención de tres policías el año anterior.

La Coordinadora para la Prevención y Denuncia de la Tortura, grupo de estudio de ámbito estatal formado por ONG’s  como Justícia i Pau y SOS Racisme, contabilizó un total de 52 posibles casos de tortura protagonizados por los Mossos en el 2010. La situación se vuelve más preocupante cuando, según informa el Institut de Neuropsiquiatría, doscientos mossos y bomberos sufren transtornos mentales graves. Pere Peña, del sindicato policial SAP-UGT, alertó de que “te encuentras casos de agentes que te piden ayuda porque se sienten fuera de control y pueden cometer alguna barbaridad”.

Como teorizó Max Weber, el monopolio de la violencia legítima es el corazón de cualquier Estado Por lo tanto, cabe plantear si en Catalunya se ha sido capaz de desarrollar una institución policial a la altura de los vecinos europeos. Lo que está claro es que escenas como las de la plaça Catalunya no son habituales más allá de los Pirineos. Hecha efectiva la reivindicación de una “policía nuestra”, desvinculada de la herencia histórica de grises, verdes y marrones, nuestra propia gestión nos ha llevado a encontrarnos ahora bajo la autoridad de los chavales más bravucones del cinturón industrial, constituidos en una orgullosa fuerza armada que saluda al presidente de la Generalitat al grito de “Viva España”.

 

Per LA VANGUARDIA! Difícil, sobretot quan és el diari que segurament llegeix el Felip Puig. la tesi latent és que els mossos són uns (…), vull dir que no són una policia democràtica, i l’objectiu és desprestigiar la institució davant el gran públic.

Anuncis

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

S'està connectant a %s