El Estado deberá hacer concesiones para garantizar la paz en Euskadi

El Estado debe hacer un gesto firme para demostrar su compromiso con el proceso de paz en Euskadi. José Luis Rodríguez Zapatero ha decidido mantenerse al margen y dejar las decisiones a su sucesor, pero el gobierno que se forme tras las elecciones generales deberá hacer concesiones si quiere garantizar una resolución pacífica del conflicto. Para consolidar la paz, el nuevo ejecutivo tendrá que emprender algunas iniciativas que quizá resultarán impopulares entre sus bases, pero que son imprescindibles si se quiere poner fin de una vez por todas a la violencia etarra y restablecer la normal convivencia en el País Vasco. Por otro lado, una actitud cerrada y hostil sólo conseguiría beneficiar a los abertzales -que van sumando cada vez más apoyos- y ahondar en la fractura de la sociedad vasca.

Las primeras medidas que el futuro gobierno deberá tomar de forma urgente, si no quiere quedarse atrás, son aquellas que se refieren a la situación de los presos. Políticas como la dispersión territorial y la doctrina Parot no son coherentes con los principios del Estado de Derecho, y su aplicación no ha hecho más que alimentar los argumentos abertzales. Para algunos los fines justificaron los medios, pero en cualquier caso éstas prácticas ya no tienen sentido en el momento en que desaparece la situación que llevó a su implantación. El acercamiento de los presos, la excarceración de reclusos enfermos y la concesión de terceros grados a aquellos que se puedan acoger por ley a sus beneficios son concesiones factibles y necesarias que el Estado debe llevar a cabo si realmente quiere dar continuidad al proceso.

Los herederos de Batasuna han hecho lo que siempre se les ha pedido, es decir, condenar abiertamente la violencia, por lo tanto no debe existir impedimento alguno para que puedan presentar sus reivindicaciones de manera pacífica y democrática. La normalización política del independentismo vasco debe producirse sin demora. La entrega de armas y la disolución definitiva están también en la agenda. Aunque la Constitución prohibe expresamente la amnistía, es de sentido común que en un segundo estadio del proceso, donde ETA ya no esté presente, se revise la situación de los demás presos, especialmente de aquellos que lo estén por delitos de apología o colaboración con una organización que ya no exista.

El Estado tiene derecho a exigir el perdón a los responsables de los 829 asesinatos cometidos por ETA en los últimas décadas. No obstante, debe asimismo predicar con el ejemplo y asumir las responsabilidades que le corresponden como parte involucrada en el conflicto. Son demasiadas las veces que el Estado se ha rebajado al nivel de los terroristas y ha emprendido acciones de guerra sucia que igualmente han causado sufrimiento y numerosas víctimas. Así pues, junto a las disculpas etarras también se tendrán que dar explicaciones sobre muertes producidas entre sus filas, prestando especial atención a los 27 asesinatos de los GAL y a los casos de torturas en dependencias policiales.

El próximo presidente del gobierno deberá actuar con responsabilidad y sentido de Estado. Si se cumplen las previsiones y las urnas dan como ganador a Mariano Rajoy, éste tendrá que sobreponerse a las voces más intransigentes dentro y fuera de su partido si se quiere llegar a una solución satisfactoria para todos. En aras del beneficio común, será necesario actuar más allá de los intereses partidistas y hacer un ejercicio de madurez política. Los populares se equivocaron al no acudir a la Conferencia de Paz de San Sebastián.

Así pues, la actitud del Estado debe ser constructiva, y no debe desdeñar la oportunidad que se le ofrece para caminar hacia una paz justa y duradera. No son la sed de venganza ni el dolor de las víctimas los elementos que deben vehicular el proceso. Si se quiere no sólo acabar definitivamente con la violencia, sino también restablecer la convivencia, el gobierno debe mover pieza. ETA no volverá si no hay una voluntad política expresa para que vuelva. MARC RUDE 20/11/11

(Article experimental per un diari oficialista-espanyolista utilitzant el seu idioma i discurs per “convèncer l’adversari”, és a dir, per persuadir els espanyols de que acceptin les exigències de l’esquerra abertzale)

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